
El Holandés Errante es un barco fantasma condenado a vagar sin descanso por los océanos del mundo sin poder llegar jamás a tocar puerto.
Parte de esa leyenda ha llegado hasta nuestros días, transformando la otrora temible Naranja Mecánica en el Holandés errante, un equipo con mucho polvorín pero sin nadie que encienda la mecha, un grupo de marineros expertos en batallas pero nadie al timón. Quizás Snjeider crea que está llevando el, timón del barco, pero su posición adelantada le impide navegar con rumbo fijo. En esto que los holandeses se encontraron en su periplo con una embarcación vikinga. Los daneses, lejos del desorden anárquico que aparentemente regían los designios de sus antepasados vikingos, han formado una escuadra sólida y ordenada. Holanda no sabe jugar contra un equipo armado con la táctica férrea por bandera. Los Robben, Snjeider y Afellay son más de incursiones allá donde ven huecos, y cuando no hay huecos, se le atoran las ideas. Los vikingos tomaron zumo de naranja e hicieron saltar por los aires los pronósticos del grupo de la muerte. Dinamarca no ha venido a contemplar cómo se reparten el pastel teutones, lusos y tulipanes. Ellos son vikingos, raza fiera, y en esta fiesta quieren tener protagonismo propio.
Los alemanes por su parte cumplieron a medias con el guión. Solventaron el trámite pero generaron desconfianza ante una desafortunada Portugal. El grupo está abierto y cualquiera puede acabar en la cuneta.
La Roja, nuestra Roja, salió sin referente. El maestro titiritero decidió jugar con los pequeños y a posteriori habrá muchas voces que lo critiquen, con el resultado sobre la mesa. Que fácil es hablar con los hechos ya pasados. Hemos pasado del "jugamos como nunca y perdemos como siempre" a "yo hubiera sacado a tal y a cual". Y es que ya no nos paramos a analizar los méritos del rival. Italia no fue Italia, y eso hay que reconocérselo. Pirlo, emperador Pirlo, es media Italia, tres cuartas partes afirmaría yo, y donde esperábamos un catenaccio encontramos una selección seria que quizás no ganó porque enfrente tenía a la mejor selección del mundo. España tiene que mejorar. Pero tiene margen. Hispania contra Roma, acabaron en tablas, quizás dejando el desempate para una final por la que pocos apostaban...
Croacia se deshizo con facilidad de la invitada atlántica del grupo, dejando claro que en este grupo manda el Mediterráneo. Quizás la tapada del grupo pueda dar un zarpazo a Italia o España, y con eso sueña mientras los gigantes se pelean entre ellos.
Francia e Inglaterra aburrieron a propios y extraños. Lo intentó más Francia, sin llegar a desmelenarse, mientras Inglaterra se frotaba las manos con un mísero empate. Así estuvieron cien años combatiendo una guerra en la edad media y eso mismo parecía que había durado el partido.
Sin embargo, tras ver el partido entre los anfitriones, Ucrania, y los otros vikingos, Suecia, si yo fuera galo o inglés estaría muy preocupado. Si bien les falta definición, les sobra empuje. Sobre el terreno de juego se vió un combate de fuerza, sin reservas, como si fuera el último partido, conscientes quizás de que el que saliera herido de este partido difícilmente se recuperaría después. Se adelantó Suecia por medio de su estandarte Ibra. No quiso ser menos el general ucraniano curtido en mil batallas, y Sevshenko empataba a los pocos minutos. Parecía un duelo de generales, Napoleón contra el Duque de Wellinton, que avergonzados de sus países en el partido anterior hubieran decidido combatir disfrazados de suecos y ucranianos. Volvió de nuevo el general ucraniano a alzarse entre todos y marcar el segundo. Espectacular batalla la de Ucrania que, como Dinamarca, ha dejado firmada que no viene a su eurocopa de paseo.
Los primeros partidos de cada grupo nos han traído baile de posiciones hasta que finalmente Alejandro Ayala se ha afianzado como líder de la porra. Muy de cerca le sigue su madre, Pili Escribano, que, lejos de dejar que su polluelo vuele libre le sigue persiguiendo como cuando lo hacía para que ordenara la habitación (bautizada por mi padre como "zahúrda") o para que hiciera los deberes del instituto. Sin dejar que se despeguen, un neófito porril, Alberto Vaca, amenaza la hegemonía del clan Ayala en la porra, seguido de Julio Lorente, también novato en estas lides. Tras de ellos, una pléyade de perseguidores intentan seguir la estela del maillot amarillo de la carrera.
En la parte baja de la clasificación, Ana Quiñones y el Sabio Balconetti han abandonado el farolillo rojo en el último momento, aunque el Sabio Balconetti va a tener que hacer algo más si no quiere que comencemos a llamarle Sabio Sotaneti. Su lugar lo ocupan los hermanos Robles, que están pagando su inexperiencia porrística y deben estar comiéndose las uñas, con lo futboleros que son.
Quedan dos vueltas de tuerca para afinar posiciones, veremos que ocurre.